La fría mañana venía acompañada con unos pasos tranquilos que resaltaban por ser el único sonido diferente en todo el bosque, allí venía, un mago de apariencia calmada y de ropas típicas de aquellos estereotipos de cuentos de fantasía, una bata larga con capucha, adornada con un emblema de una extinta escuela de magia, de color negro y adornos dorados y rojos, debajo de eso vistiendo ropa formal y guantes blancos, algo inusual para tal camino por el que transitaba y únicamente portando un bolso, presumiblemente con sus pertenencias. El sendero que transitaba apenas y se veía y quien sabe cuanto llevaba caminando pero su destino era la capital de un reino grande y próspero que albergaba toda clase de personas, tanto comerciantes de toda clase de artilugios y guerreros alquimistas, magos, etc. Nuestro solitario caminante sólo buscaba algo ahí, venía dispuesto a reclamar lo que por derecho le pertenece.
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